Historias

Las luces del Estrecho

Resulta que iba pedaleando a eso de la 1 de la mañana el viernes en la noche hacia el sur de Punta Arenas. Un pedaleo nocturno, de esos donde no se vé más que la luz de las estrellas. Ya a 10 kilómetros al sur de la ciudad desaparece la iluminaria eléctrica y la penumbra lo llena todo. Claro, el espectáculo del cielo se hace notar inmediatamente y por eso acercarse a estos lugares a estas horas realmente es un espectáculo impagable.

Luego de abandonar la urbe y pedalear unos minutos me detuve en un paradero que marca el límite entre la luz y la oscuridad. Un puente es el portal que lleva hacia la penumbra. Este paradero ofrece un buen refugio para realizar una parada técnica; fumar y tomar mate contemplando el estrecho de Magallanes, también algún dulce para endulzar la jornada de pedaleo.

Luego de unos cuantos mates y unos pipazos, a la distancia, por allá, hacia el norte de Punta Arenas en el Estrecho de Magallanes, unas luces. Realmente no eran luces fijas, más bien parecían flashes. Se veía como si alguien tuviera en su poder una cámara de fotos con un flash gigante y estuviera tomando dos o tres fotos de una vez. Esto comenzó a repetirse cada ciertos minutos. Los flashes eran bien fuertes.

La mente comenzó a trabajar; tormenta eléctrica pensé. Claro, los rayos son como flashes y eso explica totalmente lo que estaba viendo. Me tomé otro mate. Nobleza Gaucha, una yerba deliciosa que acompaña este tipo de salidas. Llené mi pipa y seguí fumando. Luego recordé que en Magallanes no hay tormentas eléctricas.

Ya después de varios pipazos, y varias mateadas, los flashes aumentaron su intensidad. Ya no eran dos o tres, ahora eran cuatro o cinco y todos en series bien seguidas. La mente siguió trabajando y me ofrecía respuestas más bélicas; un bombardeo. Punta Arenas y la zona de Chile Austral en general destaca por su presencia militar. Tanto en Magallanes como Aysén y la zona sur de Puerto Montt cuenta con fuerte presencia de militares, principalmente debido a los conflictos que Chile tuvo con Argentina durante los años 80. No es raro ver aviones de la fuerza aérea realizando maniobras sobre el estrecho a plena luz de día. O ver a los militares pasar con tanques o humvees de cuando en cuando. Los marinos tampoco se quedan atrás y marcan fuertemente su presencia en el estrecho de Magallanes.

De la teoría del bombardeo la mente pasó a la teoría de los ejercicios militares. Quizás un ejercicio por parte de la marina Chilena generaba estas luces. Claro, venían del mar, era muy tarde ya en la madrugada, cerca de las 2 am, una hora en la que la mayoría de la gente duerme o gastan las horas en un bar o discoteque o quizás bebiendo en casa. Una hora y un día en el que no mucha gente prestaría atención a lo que sucede en el estrecho, salvo yo que me encontraba alejado de la urbe. Quedé conforme con la teoría, y ya era suficiente pipa y suficiente mate. Hora de continuar el pedaleo, esta vez, sin iluminación.

Entré en la penumbra. Los cielos estaban despejados en su totalidad. Los flashes continuaron. Me excedí con la pipas pensé y me largue a reír. Ya me estaba poniendo nervioso. Los flashes no paraban y como ya había oscuridad total, el paisaje se iluminaba por completo cada vez que una de estas luces explotaba a la distancia. Recordé que el año anterior, para el año nuevo fuimos a pasar un día de montaña con la Sara y el Ed. En aquella ocasión vimos algo muy similar a lo que finalmente no le encontramos explicación alguna. Tom que se encontraba también en la montaña vió las luces, pero él estaba al otro lado del cordón montañoso en el que estábamos nosotros. Tampoco supo explicar lo que eran las luces. Podía ser entonces una tormenta eléctrica? O los militares realizando un ejercicio? Y si eran OVNIS? Al menos en los andes centrales se puede atribuir a los volcanes, pero en el Estrecho de Magallanes?. Al mirar hacia el sur los flashes no se veían. Siempre estaban por mi espalda hacia el norte. La idea de los ovnis me perturbó la cabeza así que recurrí a la música para levantar el espíritu y continuar con mi pedaleo. Al menos con música el espectáculo era disfrutable y la mente ya no trabajaba sino que se embobaba con el ritmo.

Continué mi avance hacia el sur. El frío cayó y a pesar del pedaleo y la música me costó ganar calor. Luego de unos 30 kilometros los flashes aumentaron su intensidad y se volvieron más recurrentes. Parecía como si se estuvieran acercando. Ya en la bahía de Agua Fresca, y poco antes de llegar a carabineros unas luces en el cerro llamaron mi atención. Tres luces de distinto color moviéndose y prendiéndose sin patrón alguno. Acercándose y alejándose. Subiendo y bajando. De un lado hacia el otro. ???????? (Mi mente). Nunca dejé de pedalear, nunca dejé de mirar las luces, buscaba el patrón pero no lo encontraba. Tenía que haber un patrón, si fueron fabricadas por el hombre tenía que haber un patrón. Derrepente las luces ya no estaban. Luego volvieron. Las pipas afectaron mi percepción, pensé. Pero ya había pasado suficiente tiempo y ni si quiera estaba alterado por el mate.

Me afligí. Se me apretó el estomago. Me puse nervioso. Decidí ignorar las luces y apurar el pedaleo. Ya estaba cerca de los carabineros quienes tenían un foco gigante apuntando al camino. La última y única luz constante que iluminaba la ruta. Los flashes a mi espalda continuaban. Miré hacia el cerro, y repentinamente y desde la tierra, la luz más grande y potente que he visto en la vida. En la vida. Lo iluminó todo. Todo a mi rango de visión fue iluminado por lo que duro el flash. Se hizo de día por una fracción de segundo. Logré ver desde donde había salido la luz, su origen. La explosión fue tan potente y tan impactante que el instinto hizo que me agachara y ocupara mis brazos para protegerme de quién sabe que tipo de fuerza o explosión. Me atacó un miedo irracional. El corazón se me aceleró y la adrenalina me golpeó como nunca. Pedalié lo más rápido que me dieron las piernas. Eran casi las 3 de la mañana y aun me quedaban casi 10 kilómetros por recorrer. Literalmente arranqué de donde estaba, lo cual no tenía sentido alguno ya que fuera lo que fuera que explotó, salió de la tierra, o que se yo, podía alcanzarme en una fracción de segundo. El foco de carabineros me cegó, pero con el miedo no me importó, seguí pedaleando hasta que ya no pude más. Paré a respirar, ya estaba al menos a dos kilómetros de donde había visto la explosión, en medio de unos pequeños cerros, en lo que pensaba una zona de seguridad. Aquí nadie me podría encontrar.

Respiré. Medité. Pensé. Respiré otra vez. Realmente no pude entender que pasó. No encontré explicación racional a lo que vi. Llegué a mi destino y me guardé a dormir, realmente no quería saber más de la vida por hoy. Al otro día pasé de con luz diurna por donde vi las luces sin patrón y la “explosión”. Las luces pueden haber sido casas, la explosión, no lo sé.

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